Si hay una cosa que nos produce dificultad y sufrimiento, es el ver como las cosas cambian y pasan hasta extinguirse. Desde la vida de nuestra primera mascota, la vida de nuestros familiares y también las relaciones que tenemos con las personas.

Existe una resistencia natural a ir “contra la corriente” con la que el universo está definido y pasa frente a nuestros ojos todo el tiempo. Lo que sea, está en constante cambio (es una máxima y ley). No hay nada con o sin forma que se mantenga en un estado constante y sin cambio/intervención.

Ejemplos de esto existen muchos, pero para simplificar la reflexión:

  • El día/noche.
  • Las estaciones del año.
  • El ciclo natural de todo ser vivo.
  • La temperatura, los planetas, el clima.
  • Los estados de ánimo.
  • La regulación corporal interna.

En cierto punto, todos somos parte de esta impermanencia. Por lo tanto, meditar en ella es un paso más allá para estar consciente de los fenómenos que nos rodean y aceptarlos con mayor naturalidad y fluidez. Importante: todo obedece a causas y condiciones.

Contempla las cosas compuestas de causas como si fueran estrellas centelleantes, fantasías divisadas con ojos enfermos, como la luz parpadeante de un quinqué, como ilusiones mágicas, rocío, burbujas, sueños, relámpagos y nubes. Sutra del cortador de diamante, Buda.

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