3 de febrero de 2014:

Mi día comenzó tomando con unos snacks de pescado que había comprado el día anterior en un 7 Eleven para después salir en busca del Buda Gigante de Lantau.

Una vez llegado al metro o MTR de Tsim Sha Tsui no dejo de sorprenderme por el sentido de organización que tienen en esta ciudad los chinos, todo está señalizado y pensado para que la ciudad funcione y fluya de la mejor forma posible.

Así fue como comencé el viaje a través de la línea roja hasta la estación de Hong Kong, para luego hacer combinación hasta el terminal Tung Chung. Una vez ahí tuve que comprar un ticket para cruzar a través de los carros de Ngong Ping 360, un tipo de teleférico con el piso de “cristal”, el cual permite mirar hacia abajo de los cerros que uno va pasando a medida que recorre la distancia entre la ciudad y el campo.

Ngong ping 360

Ya eran las 12:00 y tocaba mi turno de subir. Es asombroso y poco descriptible lo que se experimenta una vez arriba del teléferico subiendo y bajando cerros de Hong Kong hasta finalmente llegar a la villa Ngong Ping. Recomiendo totalmente realizar este tramo a través del teleférico y no de algún bus, ya que se pierde gran parte de la experiencia.

Una vez en la villa Ngong Ping, se puede ver la impresionante arquitectura local, un tipo calle con algunos locales comerciales, restaurantes y tiendas de souvenirs donde había un gran número de personas, algunos turistas, otros eran ciudadanos que vienen a esta parte de la ciudad a hacer ejercicio o trekking.

Siguiendo con el recorrido en el lugar, estaba sacándome unas fotos en un Muro cuando conocí a Yu Ting, una estudiante taiwanesa que cursa Finanzas en la Universidad de Hong Kong. Por coincidencia andaba sola así que pudimos compartir la experiencia y ella a ayudarme a traducir a algunas personas chinas que iban apareciendo en el camino. En un comienzo fuimos al Monasterio Po Lin, donde el ambiente es sencillamente inolvidable, la mezcla de inciensos y cantos de los monjes, junto con todo el ambiente que rodea el monasterio genera paz y quietud.

El día siguió avanzando hasta subir al Buda Gigante, a través de una serie de escalones que componen la obra que se comenzó a construir en el año 1990. El Buda está rodeado por seis pequeñas estatuas de bronce, las que se conocen como “La Ofrenda de los seis Devas” y las cuales ofrecen flores, inciensos, lámparas, ungüentos, frutas y música al Buda. Estas ofrendas simbolizan caridad, moralidad, paciencia, celo, meditación, sabiduría, todos atributos necesarios para entrar en nirvana. Por otro lado, dentro de la escultura del Buda se pueden encontrar reliquias asociadas al budismo, al que no se puede tener registro fotográfico ya que están prohibidas las fotos y donde dicen que están algunos restos físicos de Siddharta Gautama, el Buda histórico.

Tian Tan Buddha

Ya llegando la tarde, era hora de comer y probé un poco de la cocina local con mezclas de sopas, tofu, noodles y algunos ingredientes fritos. La mezcla resulta extraña en un comienzo pero luego se empieza a hacer más agradable.

Estar en esta isla será inolvidable y marca tal vez el hito más importante en el viaje a esta ciudad.

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