Vuelvo a escribir después de largos días nuevamente ocupado de las tareas que pausé durante unas semanas en febrero. A pesar de los viajes puntuales que he realizado, el ir a China me hizo darme cuenta después de largo tiempo, de parte de las cosas que sí tienen valor y por las que hay que enfocarse y en ello, colocar  nuestro esfuerzo.

Las semillas de la aventura fueron colocadas en esas tierras de templos y esculturas budistas, taoístas y donde Confucio es admirado a diario. Recién ahora, en abril y tras un par de meses de descanso, puedo apreciar la magnitud del viaje, las distancias y los recuerdos empiezan a aparecer más a menudo. La novedad de lo “reciente” se está esfumando y nuevamente me pongo en plan de ideas de viaje o viajes de mayor duración, con mayor tiempo-no en vacaciones, si no en meses de caminante, lo que implicaría renunciar a mis actividades acá en Chile y partir a algún horizonte.

El dar el paso y renunciar al laberinto donde estamos inmersos ahora en el estilo de vida occidental es complejo, porque los estímulos son muchos y los apegos numerosos, pero tengo confianza en que se puede lograr, con mucha paciencia y planificación.

Congelar el reloj de arena que se consume a si mismo es tarea de cada uno y si estamos vivos, hay que aprovechar de darle un significado dentro del aparente caos.

Un abrazo.

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