Una vida es con certeza y convicción lo único que tenemos. Y sí, es rudo vivir, ganarse el sustento diario y poder seguir viviendo. Desde pequeños nos enseñan a correr maratones y seguir esa carrera. Luego cuando llegamos a la cumbre, tratamos de seguir corriendo, pero así sigue y sigue. Poco pensamos sobre lo que realmente queremos en términos de realización individual y espiritual.  De alguna manera, venimos programados para actuar de una forma y también, el resto espera que en un contexto dado cada uno de nosotros haga algo (con esto recuerdo a la persona que estudia algo por la presión de sus papás y luego termina siendo una persona infeliz).

Hay humanos que nacen con un don o una pasión y la logran desarrollar con plenitud. De igual manera hay otros que les cuesta más encontrar eso, por diversos motivos. De cualquier forma, cada uno debería poder encontrar aquello que le aporte la mayor libertad y le haga sentir bien.

La humildad en el vivir, en el poder relacionarse con las personas y el aporte que cada uno haga en la tierra, son cosas que hay que cuestionarse de vez en cuando. La vida va pasando rápido y a veces no somos ni participes de escucharnos a nosotros mismos.

Los viajes son un buen ejercicio para poder practicar con firmeza lo que es una vida sencilla. Viviendo con un presupuesto ajustado, conociendo realidades ajenas a la de uno, tolerando y empatizando con la diversidad existente en otros rincones.

Nuestro tiempo es limitado, por lo mismo animo con honestidad a todos a que busquen hacer lo que quieran y consideren que los hace feliz. A pesar de la dificultad, de las adversidades, seguir adelante y ponerle ganas en todo lo sueñan, porque el mejor sueño que uno puede vivir es el que se vive despierto, viviendo su realidad y no siendo un espectador esperando la jubilación a los 65.

Abrazo,

Erick.

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