“El muchacho comenzó a mirar al frente, hacia el horizonte. En la lejanía se divisaban montañas, rocas y plantas rastreras que insistían en vivir en un lugar en el que la supervivencia era imposible. Allí estaba el desierto, que él había recorrido durante tantos meses y del que, aún así sólo conocía una pequeña parte. En esa pequeña parte había encontrado ingleses, caravanas, guerras de clanes y un oasis con cincuenta mil palmeras y trescientos pozos”…

Mañana martes  7 abril, cumplo 1 semana sin trabajo (lo cual me hace muy feliz) y estoy absorviendo la mayor cantidad de información que me sea útil para la primera parte del viaje a realizar en Europa desde el 6 de junio de 2015.

La cita anterior de “El Alquimista” de Paulo Cohelo, con la que se introduce esta publicación, no hace más que recordar lo efímero que puede resultar cada paso que damos, cada experiencia y aunque para uno un viaje en su conjunto signifique tanto, no deja de ser una idealización y apreciación personal.

El sabor de la cocina de un país, sus aromas y sus calles son realidades entretejidas entre distintos individuos que han tenido variados orígenes y caminos, los cuales danzan sin saberlo alrededor de un concepto llamado pueblo o ciudad. Y, precisamente desenredar ese telar de realidades es la tarea que tiene un viajero que tiene plena conciencia de donde está andando.

Con el tiempo, he podido comprender que quienes tratamos de retratar el mundo bajo nuestros propios ojos somos sumamente responsables de comunicar estas experiencias, ya sea para orientar a otras personas que se animen a salir su burbuja o documentar estas líneas en lo vasto del internet para hacer contrapeso contra un montón de información envasada y fabricada por corporaciones que llevan el mundo a cualquier destino, menos uno favorable.

No soy amigo de ningún “ismo” político y este año, es más relevante que nunca que los “ciudadanos del mundo” compartan realidades que no se escuchan ni leen en ninguna parte. Estos mismos sujetos, sin ataduras a un país o ideología alzan la voz despertando mentes y corazones dormidos en slogan publicitarios, arquetipos de marketing, sueños de vacaciones en el paraíso y religiones castrantes en pleno siglo XXI.

Viajar para muchos no es estar de vacaciones, ni mucho menos hippismo post moderno.

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