Conocer Barcelona de cierta forma me hizo sentirme en casa. Donde pude apreciar una ciudad repleta de diferentes razas y contrastes en cada esquina. La gente, sus calles y la atmósfera en general tiene un encanto particular de cómo son las cosas a este lado de Catalunya. Por otro lado, lo lleno que estaba el metro era similar a lo que ocurre día a día en Santiago, Chile.

Estación Muntaner

Dado que la mayoría de sus calles están señalizadas en catalán, es común perderse en alguna calle e ir conociendo más y más cosas de los barrios.

Los lugares turísticos se inundan de gente en cada inmediación y las tiendas de souvenirs (comúnmente administradas por alguien de India) son una constante en cada rincón.

Sagrada Familia, Park Güell, La Barceloneta, Plaça de Catalunya, Palau de la Música Catalana y la Rambla son algunas de las opciones preferidas para los recién llegados a la ciudad.

Park Guell

De todo lo mencionado, me agrado caminar la ciudad, observar a la gente y ver sus comportamientos. En mi opinión el catalán es muy patriota, diría inclusive que más que el español, pero se me hace muy complejo comparar un Barcelona con un Madrid.

Cada ciudad grande tiene su encanto particular y ritmo que la hace única. El caso de Barcelona no es particular, pero a medida que uno va conociendo más un lugar, más argumentos tiene para opinar sobre el.

Plaza España, Barcelona

Concluimos la visita a Barcelona con la Fuente Mágica de Montjuic y la Plaça España. Me voy con un buen sabor de Barcelona y estoy seguro que volveré en algún futuro.

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