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Otro país que no podía quedar fuera es Dinamarca, y a pesar de que nuestro paso fue breve, fue muy significativo y enriquecedor.

Pudimos llegar a Copenhague a las 6 de la mañana desde un bus que viajo toda la noche, por gran parte la costa oeste de Suecia. Nuevamente los paisajes que pudimos ver son impagables, poco descriptibles en fotos y con poca descripción verbal que sea suficiente para detallar la belleza de la naturaleza en los países del norte de Europa.

Llegando a un terminal de buses, que en realidad era una parada de bus, emprendimos rumbo al centro de la ciudad buscando desayunar y comer algo, a esa hora ya nuestro cuerpo nos reclamaba comida y descanso. Lo único que habría temprano era Burger King y Mcdonald’s, así que entre esas dos cadenas decidimos ingerir nuestra primera comida del día.

Una ciudad como esta es imposible recorrerla en un solo día, pero hicimos el mayor esfuerzo por desde temprano conocer el centro histórico y algunos puntos destacados dentro de su extenso mapa: El Castillo de Rosenborg, la calle Strøget, Nyhavn y sus canales.

La gran cantidad de agua al lado de sus calles nos hace recordar a Venecia y a pesar de la cercanía que tiene con Oslo u Estocolmo, es una ciudad muy distinta que tras 9 horas de caminarla de punta a punta, nos recuerda lo lejos que estuvimos en este punto del viaje de la Europa más conocida y la que atrae a la mayor cantidad de visitantes.

Saliendo de la ciudad nos esperaba un viaje en bus que atravesaría primero el mar de Dinamarca y luego, varias ciudades de Alemania en medio de una tormenta que duraría toda la noche y que finalmente, nos volvería a llevar a Bruselas…

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