Te puede interesar:

Toulouse, fue la última ciudad de Francia que alcanzamos a recorrer y por una estancia muy breve.

De principio quedamos asombrados por la belleza de la ciudad, la arquitectura sus casas, lugares y estrechas calles. En la ciudad terminamos de entender como puede llegar a ser una tormenta en esta parte de Europa, lloviendo gran parte de la tarde de un momento a otro y con un viento que entumecía a cualquiera.

El Capitolium y la plaza central de la ciudad llenan de encanto a una ciudad con un gran número de artistas callejeros, puestos de comida de distintos países, pasillos con pequeños centros comerciales, restaurantes gourmet, entre otros. La verdadera experiencia de estar en Francia, la pudimos vivir verdaderamente acá.

Sus calles empedradas evocan otras épocas y hacen de Toulouse un barrio realmente francés, con música característica de fondo, caras sonrientes y vendedores pintorescos. El aire que se respira acá es distinto al del cosmopolita París, teniendo aún cierto nivel de tranquilidad único, que dista mucho de la percepción que existe en el aire en las capitales europeas.

Después de este paso por Toulouse, nos esperaba un viaje en el tren de alta velocidad de SNFC, el cual pasaría por las ciudades de Narbonne, Perpignan y Girona, para llegar nuevamente y por segunda vez a Barcelona…

Anuncios